América Latina y El Caribe: ¿Deuda y materias primas?

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Según cifras emitidas por el FMI, el crecimiento de la región en 2013 será de un 3.4%, lo cual representa una disminución de lo previsto anteriormente de un crecimiento de 3.6%.

Esta disminución se debe a una ralentización de la economía más potente de la región de Brasil, la cual se espera que crezca a un ritmo de 3% y no de 4% como era lo proyectado a principios de año. El otro gigante de la zona, México, crecerá a un ritmo de 3.4%, también según cifras oficiales del Fondo Monetario Internacional (FMI).

¿A qué se debe esta reducción de las expectativas de crecimiento? Principalmente, encontramos dos razones: la reducción de los precios de las materias primas y un posible incremento en las tasas de interés en el mediano plazo.

En primer lugar, una bajada en los precios de las materias primas reduciría el valor de las exportaciones de América Latina y Caribe, en tanto que el fuerte de sus ventas internacionales obedece a materias primas y no tanto a productos terminados y elaborados.

Por otro lado, una eventual alza en las tasas de interés significaría un duro incremento en el servicio financiero (intereses) de las deudas de estos países. Hasta el momento, la crisis económica ha llevado a la Reserva Federal de los EEUU (FED) a mantener una política económica expansiva y de bajas tasas de interés con la intención de estimular el crecimiento económico y, con ello, la generación de empleo.

Esta ecuación de reducción de ingresos y alza en los egresos nacionales de Latinoamérica y Caribe, castiga no sólo los números macroeconómicos de la zona sino que, y más importante aún, reduce las posibilidades de crecimiento y desarrollo que requieren los habitantes del área.

Se impone que la región, como un todo, siga el ejemplo de otras economías en proceso de industrialización, para convertirse en verdaderos transformadores de las materias primas que poseen. No es posible seguir vendiendo material de hierro para luego comprar clavos y tornillos.

América Latina y el Caribe tienen el potencial de ser mucho más que exportadores de bienes básicos y altos demandantes de financiación para cubrir gasto corriente. Es necesario implementar políticas capaces de atraer inversiones estables a los países y que conlleven transferencia de tecnología para generar un crecimiento sustentable en el tiempo, generador de empleos y punta de lanza, junto con la educación, para el combate de la pobreza.

Solamente un crecimiento sostenido en el tiempo y actualizaciones de los sistemas educativos, pueden abrir una puerta a las esperanzas del subcontinente para salir de la pobreza y el atraso en el que viven muchos de sus habitantes.

La dependencia de materias primas como vía de generación de recursos es una arriesgada apuesta por el futuro de la zona. Por el contrario, el desarrollo por debajo de esos recursos naturales, la transformación para agregar valor gracias al conocimiento y la tecnología, son sin duda, el camino más directo para generar riqueza y salir de la pobreza.

La clase política necesita estar a la altura de los retos que estos tiempos imponen. Para distribuir riquezas, primero hay que generarlas y eso sólo se logra con educación y trabajo, con leyes estables e instituciones democráticas fuertes e independientes unas de otras. La región lo merece.

¡Éxito!

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