Cuando el líder se va, ¿qué pasa?

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Al hacernos esta pregunta, seguramente nos venga a la cabeza el caso de Steve Jobs. La salida del fundador de Apple fue una de las que más debate abrió acerca cuál sería a partir de ese momento el futuro de la compañía; una compañía que bajo su mando se convirtió en uno de los principales referentes tecnológicos del mundo.

¿Seguiría manteniendo el mismo éxito? ¿La innovación de la marca se marcharía con su líder o sería capaz de sobrevivir en su ausencia? Ante estas preguntas, fueron muchos los medios especializados los que vaticinaron que la empresa caería sin la presencia de su fundador, como ya ocurrió cuando abandonó de forma forzosa hace más de 20 años.

Tomando el caso Apple como ejemplo, quizás esta frase de Larry Ellison, CEO de la compañía y que conocía muy bien a Jobs, sea bastante acertada para analizar cuál es el origen problema: “Jobs no estaba tratando de ser rico; sino que estaba obsesionado con el proceso creativo y la creación de algo hermoso”.

No compartir ese algo hermoso es, de hecho, uno de los principales errores que cometen muchos gerentes de grandes compañías: no hacer partícipe a su equipo de trabajo. ¿Qué pasaría entonces si este líder se marcha? La creatividad de la empresa (centrada en una sola persona) desaparecería, quedando en entredicho la capacidad de los empleados por seguir manteniendo a flote la verdadera esencia marcada por dicho líder.

La revista Forbes ha publicado los resultados de un análisis realizado por la consultora Setesca, en la que se explican los “siete pecados” capitales que se cometen en la gestión que de los directivos españoles. ¡Veamos cuáles son!

1: No cumplir o mejorar los objetivos marcados. La mayoría de directivos tienen tendencia a interpretar los objetivos marcados. Hay que crear canales de comunicación interna, tanto ascendentes como descendentes.

2: No innovar. La innovación es un factor diferencial en la excelencia, una vez se hayan agotado los caminos tradicionales de gestión. Buscar constantemente nuevas fórmulas para diferenciarse de la competencia.

3: No mejorar. La autocomplacencia es el peor enemigo del directivo, pues no avanza en la mejora de su ámbito de responsabilidad y se queda atrás de las nuevas tendencias.

4: No comunicar. Los resultados a conseguir y los resultados conseguidos deben saberse expresarse de forma clara, eficaz y concreta a todos los miembros del equipo: colaboradores, compañeros, superiores y terceros.

5: No considerarse como un centro de beneficio. La excelencia se consigue cuando todo directivo considera su posición como un centro de recursos y no un centro de coste. Todas las posiciones en la empresa deben orientarse hacia una mayor productividad.

6: No escuchar ni ser humilde. Escucha activa y humildad. La perfección en la gestión solamente se alcanza desde la humildad de reconocer que siempre se puede dirigir mejor desde la prudencia y siempre tener presente el trabajo humano realizado.

7: No tener determinación. El directivo excelente es aquel que defiende su visión de negocio y su criterio siendo coherente en sus acciones y en sus consecuencias.

Ser comunicativo y pro activos, demostrar que sabes aportar ideas constructivas compartiendo y valorando las del resto… Son valores que todo líder debe reunir para que, a su salida, los niveles de venta y el éxito de la marca no se vea resentida.

Fuentes 1 2

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