¿En qué consiste la ética profesional?

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Desde los tiempos de Sócrates, y antes aún, se habla de ética. Ética entendida como una de las áreas más prolíficas, y actuales, de la filosofía contemporánea. En una primera aproximación, la ética aparece como sinónimo de “moral”.

Sin embargo, mientras que la moral engloba el conjunto de normas de comportamientos generalmente aceptadas por una sociedad, y por ello está estrechamente relacionado con la ley, la ética responde a una reflexión sobre las diferentes moralidades que se dan en la sociedad, lo que implica una actitud crítica sobre las leyes fundamentadas en la moral. Sin embargo, en Profesionales ON nos interesa centrarnos en la ética que afecta a las empresas y al profesional, porque es un tema muy sencillo ¡a la par que complicado!

Te ponemos en situación:

La ética profesional surge de una ética aplicada al mundo empresarial y/o profesional que se da a distintos niveles (directivos-empleados, empresa-proveedores, empresa-clientes, etc). Las cuestiones éticas, con frecuencia, son ambiguas.

Una misma situación podría ser considerada inapropiada o carente de ética por unos y absolutamente aceptable por otros. Para ello, las organizaciones establecen códigos éticos y/o de conducta que tratan de inculcar a sus empleados y que aplican en sus relaciones con agentes externos (los clientes, los proveedores, las autoridades, la comunidad, etc.).

¿Y por qué promover conductas éticas? Porque un comportamiento carente de ética mina la confianza y destruye las relaciones, unas relaciones que cualquier organización necesita para construir y hacer crecer su negocio. Así, la ética resulta beneficiosa para la empresa.

Un apunte y una aclaración:

Es importante diferenciar entre código ético y código deontológico. Aunque Ética profesional y Deontología profesional se usan como sinónimos, no lo son. La Deontología profesional hace alusión al deber, y por ello sus postulados están recogidos en una serie de normas y códigos, claros y concisos, que afectan a los profesionales de un determinado colectivo profesional.

La Deontología estaría a medio camino entre la moral y el derecho, mientras que la ética profesional derivaría de la filosofía, atendiendo a cuestiones relativas al bien y el mal, no tanto al deber, cuya aplicación no se recoge en unas normas estandarizadas, sino en promesas.

Además no es exigible, sino que más bien se espera que el profesional (individualmente) la aplique. La ética profesional atiende a la conciencia particular del trabajador y su consideración sobre la práctica más adecuada en el plano social, es decir, para con segundos y terceros.

Conclusión:

Entonces, ¿las empresas que adoptan y favorecen un comportamiento basado en la ética profesional obtienen beneficios de ello? Sí, de hecho, existen numerosos casos de éxito que confirman que invertir en reputación empresarial es factible, productivo y relativamente fácil.

Así, formando al empleado sobre las cuestiones ético-profesionales, basadas en los principios que marcan el proceder humano en un entorno social, y con frecuencia indicadas en un código ético o de valores, conseguimos que nuestra empresa transmita una imagen positiva y una confianza estable a todos los niveles.

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