Internacionalizar en sectores tradicionales, ¿por qué no?

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Exportar, saltar el charco, internacionalizar, etc. son conceptos que hacen referencia a una misma realidad a la que apuntan la mayoría de expertos en economía y gerencia empresarial: la salida de la crisis pasa necesariamente por la salida de nuestras fronteras, es decir, por la internacionalización. 

Y así lo han hecho una gran cantidad de organizaciones, aquellas que se dieron cuenta a tiempo de que era necesario salir al exterior y ampliar mercado si no querían verse afectadas por la difícil situación económica por la que atraviesa España.

Pero, ¿qué tipo de negocios son los que internacionalizan? Y aquí nos detenemos: Parece que nuestras empresas sólo pueden exportar productos innovadores, basados en tecnología o con complejas patentes. ¿Pero qué sucede con las empresas más tradicionales con un gran peso en la economía del país?

A pesar de que no estamos acostumbrados, el mundo exterior sí se abre a los mercados de toda la vida, aquellos que siempre han funcionado para el avance positivo de la economía de un país o una región y que, además, han representado un importante arraigo cultural para el conjunto de ciudadanos. 

Sectores como el calzado, el juguete, el mármol, productos agroalimentarios e, incluso el vino o el mueble. Son algunos de los perfiles de negocio que perfectamente pueden encajar en un proceso de internacionalización, no sólo real sino rentable para todas las partes.

Y es cierto que triunfar fuera implica ofrecer un punto diferenciador a través de productos novedosos o exclusivos que nos hagan únicos frente a otras empresas de la competencia o, simplemente, frente al mercado en general. Pero ello no implica necesariamente la inversión de grandes cantidades de dinero en desarrollo tecnológico o en el registro de patentes internacionales.

¿Cómo lograrlo entonces? A través de dos conceptos:

1- Sé creativo. En este tipo de sectores más tradicionales, lo que prima es el ingenio a la hora de enfocar nuestro producto. Muchas veces basta con variar el uso del producto, su público objetivo, su distribución, su presentación… Las posibilidades son infinitas para dar con una buena estrategia de diferenciación.

2- Especialízate. Si, dentro de nuestra empresa, nos centramos en ofrecer un producto o servicio único en el que terminemos especializándonos, lograremos dar con una gran ventaja competitiva que nos sitúa por delante de quienes ofrecen productos y servicios más generalizados. Sólo debemos preguntarnos qué sabemos hacer especialmente bien/más rápido/más barato y llevarlo hasta el extremo.

Combinando ambos puntos, podremos plantearnos de una forma mucho más dinámica la salida a mercados exteriores. Eso sí, es importante recordar que el proceso de internacionalización no es fácil -sea cual sea el tipo de empresa- y que existen posibles riesgos y complejidades ante las que debemos estar preparados.

Y tú, ¿en qué crees que puedes especializarte, innovar y ser ingenioso? ¿qué tienes tú que no tengan los demás y cómo lo explotarías al máximo para que tu éxito salte fronteras?

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