Jefes: Cómo hacer una crítica sin ofender

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No es fácil ser jefe. Requiere de temple para manejar los asuntos, especialmente cuando se trata de problemas. Como profesional a cargo de un departamento y/o responsable del trabajo de los empleados, se debe aprender a equilibrar el carácter, las formas de expresión, la efectividad de la palabra y hasta las connotaciones derivadas de la gesticulación.

Cuando nos encontramos con un problema, la crítica es importante. Nuestro objetivo tiene que ser motivar y mejorar el trabajo del equipo. No obstante, es necesario conocer la forma más conveniente, y eficaz, de alcanzarlo. Así, pues, veamos las claves para realizar una crítica:

- El primer paso es comprender que el factor humano implica la posibilidad de cometer errores, por ellos debemos mostrarnos comprensivos y tolerantes. Se debe evitar ridiculizar o humillar a la persona, no caigamos en el clásico del gerente arrogante.

- Hay que seleccionar cuidadosamente cuando y dónde. El momento y el escenario en el que se de lugar a la crítica tendrá que reunir unas condiciones óptimas, pues el receptor debe estar receptivo, con el humor adecuado, y prestar toda su atención a lo que se le está diciendo. Si la crítica se hace en público, la persona que la recibe puede estar más pendiente de la reacción de sus compañeros que en las palabras de su jefe.

- Cuando se realiza una crítica hay que evitar el plural. Las críticas deben realizarse en primera persona, siendo el emisor el que se haga cargo de las palabras que la sostengan.

Exponer, previamente, el contexto que motiva la crítica, es decir, presentar el motivo y la situación concreta que nos llevan a realizar la crítica. Hay que ceñirse al caso concreto y evitar generalizar con argumentos del tipo: “Siempre haces…”, “eres un vago”, “Sueles tender a…”, etc.

- Enunciar el caso de forma precisa sin valoraciones subjetivas, esto es,  basar la crítica en hechos objetivos. Asimismo, al mismo tiempo que planteamos el problema, debemos plantear soluciones o pautas para cambiar la actitud o controlar/prevenir los factores que han propiciado los errores en el trabajo.

- Un consejo muy práctico es convertir la solución en un objetivo para dicha persona. Podemos motivar a nuestro empleado si, al final de la conversación, añadimos frases como: “yo sé que la próxima vez estarás más atento a…” o “me alegro de haber aclarado la situación porque seguro de que, en el futuro, sabrás cómo solucionarlo de forma eficaz, que sé que es como a ti te gusta hacer las cosas”, etc.

- Es conveniente tener en cuenta las objeciones y contra-argumentos del receptor, pero hay que intentar que adopte un punto de vista general, sin excusarse por su caso particular. Debe entender que actúa como un engranaje de la maquinaria y que sus errores afectan a toda la empresa.

- Por descontado, la crítica sólo debe realizarse en caso de que el comportamiento que generó el error pueda ser modificado.

Si días más tarde nota cambios positivos en el rendimiento del empleado, es recomendable hacérselo saber para motivar e impulsar esta nueva actitud. Porque un buen jefe sabe que los problemas, y la crítica -constructiva- que conllevan, son un punto de inflexión clave y la oportunidad de aprender a mejorar.

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