¿Qué es la Ingeniería Financiera y cómo funciona?

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Mi bisabuelo hacía las cuentas de su negocio sumando lo que tenía y restando lo que debía. Hoy, empresas arruinadas tratan de maquillar sus balances con “contabilidades creativas”. El sector financiero ofrece futuros que apuestan sobre el precio de materias primas, opciones sobre esos futuribles, Synthetic Agreement for Forward Exchange, productos complejos que la ingeniería financiera combina, creando laberintos.

Tan intrincados, que la “prestigiosa” agencia Standard and Poors calificaba con un A+1 la solvencia de la quebrada Lehman Brothers. Pero lo fraudulento no son los productos, sino la conjura financiero-jurídica.

Cuando la caída de Lehman destapó la crisis bancaria, el inversor profesional huyó de las participaciones preferentes y en España casi desaparecieron. En 2008 apenas se vendieron 200 millones de euros, pero fueron 13.000 en 2009 y, al parecer, la explicación de este fenómeno es jurídica:

En 2008, el Banco de España ordenó a las entidades bancarias aprovisionarse, aceptando que computasen como fondos propios el dinero de los preferentistas y los bancos abordaron  a cualquiera que tuviera un euro ahorrado. Es la Ley quien debe controlar la venta de preferentes.

Asunto distinto es que la ingeniería financiera esté fraguando otro “crack”.  Wall Street reventó en 1929, porque la Bolsa dejó de ser un club exclusivo. La clase media empezó a comprar masivamente acciones, que subieron como burbujas y explotaron cuando resultó patente la desproporción entre el valor bursátil de las empresas y su valor real. Hoy, la economía productiva crece despacio y la financiera muy deprisa. La brecha entre pobres y billonarios se ensancha tanto, que en Davos 2014, los poderosos del mundo advirtieron sobre posibles consecuencias.

También este problema requiere soluciones legales. Los industriales pioneros se enriquecían a costa de una explotación salvaje y a principios del siglo XX, los movimientos obreros impulsaron a los gobiernos a frenar la avaricia, para que no ardieran las calles. Vuelven a hervir a principios del XXI, ante la creciente brecha entre la opulencia y unos ciudadanos que ven mermar sus prestaciones sociales.

Podrían atenderse gravando las transacciones financieras con una tasa similar al canon de la Bolsa o la comisión del broker. Pellizcar un poco de ese gigantesco pastel, aumentaría notablemente los recursos estatales. Hace un siglo le pusieron el cascabel al gato industrial y ahora le toca al financiero, pero… ¿quién se atreverá?

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