Reflexiones sobre la vuelta al trabajo…o a la búsqueda de empleo

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En estos días, los medios de comunicación se alborotan en dar noticias, recomendaciones y consejos sobre cómo enfrentarse y abordar la vuelta al trabajo tras el periodo vacacional. Evidentemente, y más que nunca, se incorpora a estos, cómo viven este mismo proceso vital aquellas personas que están actualmente sin empleo.

A la vuelta de estas teorías más o menos cotidianas, me gustaría aportar algunas reflexiones sobre la motivación humana que rompen algunos esquemas e ideas preconcebidas generalizadas en la sociedad sobre cómo funcionan las personas, y que esta época ha reforzado especialmente:

  1. El mal del prójimo no consuela. Las personas, al contrario de lo que se suele comentar, tendemos a analizar nuestra satisfacción en términos absolutos. Esto es: analizo qué quiero tener en mi vida y valoro si lo tengo o no y en qué medida eso me afecta. La mente no calcula, por tanto, en términos relativos. No nos sintamos avergonzados por sentir tristeza por finalizar las vacaciones porque otros no tengan empleo, ni por añorar un trabajo mejor. La motivación humana tiene una perspectiva individual; es simplemente un instinto de supervivencia.
  2. No hay nada que cambie más que las ganas de querer hacer. La motivación humana es esencialmente dinámica y cambiante. Aquellas cosas que hoy nos atraen, dejaran de hacerlo cuando hayan colmado alguna de las necesidades perseguidas. Si no tenemos empleo, aceptamos cualquier empleo pero al tiempo, si éste no nos agrada, acabaremos decaídos. Busquemos, por tanto, nuevos alicientes para seguir avanzando. “Somos vehículos con mente y corazón que necesitan repostar gasolina en forma de motivación”. En estos tiempos, parece que la necesidad hace que la motivación sea solamente una; el ser humano es afortunadamente complejo.
  3. Ensoñar lo material es solo una parte. En épocas de necesidad y dificultad como la que vivimos, se tiende a sobrevalorar las comodidades propias de lo material. Tener propiedades y seguridades se agranda, sobre todo si no las tienes. En cualquier caso, no es el punto de destino, porque el ser humano necesita sentirse integrado, querido y reconocido socialmente; y esto es irrenunciable para las personas. Las cosas que nos motivan siguen siendo las mismas en su naturaleza y eso no cambia. Aquella expresión de “el dinero no da la felicidad” es  una reducción al extremo de esa condición humana que sí es real.
  4. La ambición sigue sin estar prohibida. Querer progresar, crecer profesionalmente, tener más responsabilidad y asumir nuevos retos son aspectos que “llenan de gasolina” a los profesionales. Y a pesar de las dificultades de nuestro entorno, no debemos de dejar de ambicionarlas. Si dejáramos de perseguir un ascenso o un incremento salarial porque otros no tienen empleo, simplemente nuestra sociedad no avanzaría. El colectivismo llevado a rajatabla puede, por tanto, resultar mórbido.
  5. Pensar en uno mismo es dejar la ventana abierta. Las personas somos genuinas unas de otras. Por más que la sociedad y los profesionales de la psicología humana traten de etiquetar a las personas, “cada uno somos solo uno”. Por tanto, para tomar decisiones efectivas y escoger tus prioridades, no debes basar tus criterios personales en lo que te recomiende medio de comunicación o profesional alguno; Ten un tiempo para pensar en cuáles son tus prioridades, tus “grandes rocas” marcarán tus intereses.

Las personas somos infinitamente semejantes, porque existen reglas universales y perpetuas como la de la motivación humana, e infinitamente distintas por cuanto no hay dos seres humanos iguales. En conclusión, comprende bien el funcionamiento general que explica la forma de actuar y pensar de las personas pero además, dedica tiempo a pensar sobre ti mismo, qué te motiva y cuáles son tus intereses.

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