Sanidad Pública: Medidas aisladas sin rumbo fijo

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La gestión sanitaria en España sigue siendo víctima de la actual crisis económica, cargada de recortes y copagos que buscan disminuir el gasto a costa, aun intentando que no sea así, de los pacientes y contribuyentes. Y lo cierto es que todas estas medidas, que terminan provocando un detrimento en la calidad de los servicios sanitarios públicos, no dejan de ser un ‘parche’ que no resuelve el problema de fondo.

Tal y como te contábamos en nuestro artículo ‘La crisis y la Sanidad Pública Española’, la calidad y la supervivencia del Sistema Sanitario Español se han convertido, para la amplia mayoría de la sociedad, en uno de los asuntos de mayor preocupación. ¿Qué modelo de gestión sanitaria tendremos en el futuro?, ¿qué sucederá con las enfermedades crónicas que, hoy en día, ya suponen un gran lastre económico para el sistema?

En este sentido, la realidad marca que el aumento de la esperanza de vida hará que en la próximos 10 a 20 años, las enfermedades crónicas, se conviertan en una de las principales causas del aumento de este coste.

Pongamos un ejemplo para comprender mejor el problema actual:

Supongamos el caso de un enfermo crónico que sufre de diabetes, una enfermedad que bien controlada puede hacer que el paciente  lleve una vida normal.

Como en este caso, otra persona que requiera un medicamento a diario durante muchos años, educada por el personal sanitario y haciéndole partícipe de su proceso de recuperación, es capaz de llevar un vida normal, cuya única necesidad sea controlar su dieta y la toma de su medicación. En definitiva, conocer y reconocer las consecuencias de su enfermedad le hace participe de su bienestar. El gasto de este paciente pasa por la visitas de control semestral por su médico de cabecera y su medicación mensual.

Si, por el contrario, a este paciente no se le educa y no se le hace partícipe de su patología muy probablemente terminará llevando un mal control de su enfermedad y puede que cometa excesos dietéticos, pudiendo provocar daños en otras partes del organismo que, a la larga, resultan más difíciles de curar.

Un paciente que gastaba un medicamento mensual y una consulta semestral a su médico, pasará a requerir varias visitas y otras tantas a los servicios de urgencias, múltiples ingresos hospitalarios, cirugías, diálisis y controles por varios especialistas; todo esto acompañado de días de baja y, finalmente, la invalidez y una pensión.

La estimación de diabéticos en el año 2000 era de 170 millones de personas en todo el mundo; en 2030, se estima que unos 370 millones de personas sufran esta enfermedad. Vemos, por tanto, cómo una enfermedad crónica como la diabetes, puede controlarse y lograr que el paciente haga una vida normal o por contra, llevar al límite la sostenibilidad de cualquier sistema sanitario.

De esta manera, la realidad es que se podrían disminuir en un 20 a 30% los ingresos y hasta un 50% las complicaciones de los pacientes crónicos mediante la educación y la implicación del paciente y con un control más riguroso de su proceso patológico.

En definitiva, los recortes no son la solución definitiva al problema actual y, mucho menos, serán suficientes para sostener los gastos sanitarios del futuro; es necesario crear una estrategia basada en un plan de sanidad pública sólido.

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