¿Trabajar para vivir o vivir para trabajar?

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Vale que la crisis económica está provocando, día a día, que el número de parados aumente y, ya no sólo entre los jóvenes, sino en cualquier persona que, a pesar de llevar toda su vida trabajando, se ve en la tesitura de despedirse de sus compañeros o, incluso, de echar el cierre a su propio negocio, sin más.

Sin embargo, debemos admitirlo: en la avanzada sociedad en la que vivimos (echemos un vistazo a otras partes del mundo y nos sentiremos afortunados) el trabajo es, además de un derecho constitucional y una forma de acceder a un nivel óptimo de calidad de vida, una forma de realización y enriquecimiento propio y personal. Muy lejos ha quedado aquello de “ganarse el pan con el sudor de mi frente” y a nadie le suena cursi  o utópico decir que “deberíamos aprender a disfrutar con nuestros trabajos”.

La pregunta es: ¿trabajamos para vivir o vivimos para trabajar? Lo cierto es que la mayor parte de nuestra vida, entre los 25 y los 65 años, la dedicamos a trabajar y, como todo, esto puede ser bueno, malo o regular. Parece lógico, por tanto, que nos preocuparemos de que esa gran cantidad de tiempo que invertimos en trabajar sea lo más placentera y gratificante posible.

  • Por parte de las empresas, es cierto que a la hora de seleccionar personal tienen en cuenta sus habilidades y competencias para desempeñar un determinado puesto; sin embargo, son cada vez más las que tienen en cuenta otros factores en sus empleados: no quieren que el trabajo sea el centro de su vida, sino que sepan conciliarlo con su vida privada. Es más, en la sobradamente preparada sociedad actual, la aptitud ya se da cada vez más por sentada y un empresario elige por actitud y porque su futuro empleado tenga claro que lo importante es trabajar para vivir. 
  • Por parte de los trabajadores, cada vez son más los que viven absorbidos por sus trabajos, hasta el extremo de parecer que viven exclusivamente para trabajar. Parece que la vida social de la persona queda anulada a la sombra de horas y horas de trabajo que, a la larga, terminan provocando estrés, dolencias físicas, depresión, soledad, etc. Es la adicción al trabajo, una realidad que muchos pueden sufrir de manera inconsciente, creyendo que están actuando de forma normal.
Te proponemos un pequeño test, ideado por el doctor Ricardo Sotillo, para descubrir si padeces o no esta adicción. Veamos:

1. ¿Tienes un horario que cumples regularmente? 


A) Sé cuando entro, jamás cuando salgo.

B) A veces.

C) Sí, siempre.

2. ¿Sueles llevarte alguna lectura o informe laboral a tu casa?

A) Sí, casi todos los días

B) A veces, en fin de semana

C) Mis lecturas las encuentro en la biblioteca.

3. ¿Te llaman por teléfono de tu trabajo a casa?


A) Sí, casi todos los días

B) A veces


C) Si me llaman, es porque ocurrió algo extraordinario.

4. ¿Sientes que haces algo incorrecto cuando te vas del trabajo a la hora de salida? 


A) Sí, es como si me estuviera escapando


B) A veces.


C) Siento que me voy con los deberes hechos.

5. ¿Tienes en tu agenda más teléfonos de compañeros del trabajo que de amigos? 


A) Sí.

B) Mitad y mitad

C) Tengo los de un par de colegas. El resto son de amigos.

6. ¿Las vacaciones te resultan interminables a partir de la primera semana?


A) Sí, pero me consuelo pensando que ya falta menos para volver.

B) No.

C) Me resultan cortas.

7. ¿Te quejas continuamente de que te falta tiempo? 


A) Sí, es una costumbre

B) A veces, cuando tengo muchas cosas que hacer.


C) La verdad es que siempre me las arreglo.

8. ¿Tus conversaciones suelen ser sobre el trabajo o predominan otros temas? 


A) Es que mi trabajo no me deja tiempo para otra cosa.

B) Depende, si estoy con colegas, sí.

C) ¿Trabajo? ¿Qué es eso?

9. ¿Reconoces que el trabajo te requiere continuamente? 


A) Sí, pero si no estoy yo, no hay quien lo haga.

B) A veces.

C) Nunca me lo planteé.

10. ¿Te parece que te falta algo si dejas olvidado tu portafolio en la oficina? 


A) Por supuesto, la mayoría de las veces vuelvo a buscarlo.


B) Depende si me he dejado algo importante.

C) Sí, que me falta peso, jajaja.

Ahora, comprueba aquí tus resultados y sabrás si realmente eres adicto al trabajo. En base a la nota obtenida, podrás responderte a la pregunta que formulábamos al principio: ‘¿Trabajas para vivir o vives para trabajar?’
Fuentes 1 2

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